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Antonio-Prometeo Moya

Natural de Montiel (provincia de Ciudad Real). Licenciado en Geografía e Historia (especialidad Historia del Arte) por la Universidad de Barcelona. Novelista y traductor.

(...) Pasamos ahora a la insensatez. Y no en balde, pues años más tarde la figura literaria de Lovecraft se convertiría en bastión de no poca mediocridad. En EE.UU. sería llevado en hombros por el negocio editorial, principalmente por uno de los sicofantes que más cerca estuvo de la gallina de los huevos de oro: August Derleth, poetastro, ladrón de manuscritos y explotador de falsas colaboraciones con el maestro. En Europa no le cupo mejor suerte: lejos de ser considerado un autor más de relatos de miedo (de los más decentes del siglo XX), folicularios de todas las latitudes se lanzaron a la frugal empresa de reinvindicar lo "maldito", lo "heterodoxo", lo "prohibido", dando con ello más cuenta de la propia bobaliconería que de los presuntos aspectos virtuosos del autor que nos ocupa. Actitud intrascendente y estúpidamente francesa, los unos desempolvan a un Artaud con mensajes desgarrados y caries dental, los otros a un Raymond Roussel que no interesa a nadie, mientras los de allá retornan brujos y se llenan los bolsillos de duros a cambio de importunar a la gente. Si despejamos la moda del exotismo de cartón piedra y la locura - caldo de cultivo de letraheridos que cometen solecismos -, los autores se nos quedan desnudos con sus obras; y esto es lo único que importa: Artaud y sus congéneres como autores relacionados con la extravagancia y en su mayor parte aburridos y Lovecraft como autor de relatos entretenidos unas veces, anodinos y repetidos otras, pero generalmente sabrosos aunque sólo sea por las barbaridades que cuenta.

Pero parece que el sentido común es esa piedra filosofal que nuestros contemporáneos encuentran pocas veces. Ningún joven vestido de negro, por muy Julián Sorel que sea, se atreve a entremeterse en los planes bélicos de Napoleón; ningún profeta de contraculturas que prefiere las inscripciones de retrete que a Shakespeare y que afirma que la cultura ha muerto (y que tanto monta Blancanieves como Fedra) abandona sus memeces apocalípticas (que son las que le dan de comer) para ponerse a picar piedra y equilibrar los valores de esa cultura maltrecha. La llamada crisis de la cultura contemporánea no adolece de falta de objetivos sino de exceso de charlatanes. Cuando un estudiante de letras habla de letras, la prudencia aconseja taparse los oídos. Cuando un Jaques Bergier, entre tantos otros, nos dice sibilinamente en cuatro páginas (1) que Colón descubrió América, ¿qué nos queda sino postrarnos y cantarle hosannas? El artículo en cuestión es un fárrago de inexactitudes y petulancias: que H. P. L. "sabía un número incalculable de idiomas" (casi cinco y mal), que "el psicoanálisis hallaría una gran dificultad en explicar construcciones tan coherentes como su novela La sombra más allá del Tiempo" (como si el psicoanálisis se hubiera inventado para explicar novelas), que "manejaba un inglés excelente" (cuando los mismos norteamericanos afirman que se trataba de un inglés anticuado, pedante y reiterativo), etc. A lo largo de tan escaso número de páginas, Bergier se esfuerza por hacernos creer que H. P. L. posee algo que durante decenios ha escapado a la mirada habitual: algo que no está al alcance del lector normal (una forma de insulto tan desconsiderada como otra cualquiera); sin embargo, afortunadamente, las grandes catástrofes de nuestro siglo, los avances técnicos, las maravillas de la aspirina, la leche en polvo y los viajes espaciales "quizás hayan hecho falta para comprender a Lovecraft"; tras frases tan contundentes, pasa a revelar el secreto del sumo sacerdote: la creación de "un mito que expresa la grandeza y el espanto del Cosmos", lo que no es moco de pavo, si lo miramos bien. Sólo que Lucrecio ya lo había dicho dos mil años antes y, por cierto, sin ocultar el secreto entre cuentos que no descuellan precisamente por su calidad literaria.

¿Quién da más? En dos autores norteamericanos leo que un español, José Luis García, incluye a Lovecraft entre los diez autores más grandes de todos los tiempos, dato que, vaya por Dios, consideramos una de las diez majaderías más notables de todos los tiempos (incluyendo el nazismo, las motocicletas, la televisión y la ideología yanqui).



Creaciones
TítuloCAñoVConcepto
El zampaespectros1978Traductor
El verdugo eléctrico1978Traductor
La última prueba1978Traductor
Sordo, mudo y ciego1978Traductor
La pradera verde1978Traductor
Muerte con alas1978Traductor
El montículo 6 opiniones1978Traductor
El monstruo invisible1978Traductor
La maldición de Yig1978Traductor
Introducción ("Muerte con alas y otras colaboraciones")1978Escritor
Introducción ("Horror en el museo y otras colaboraciones")1978Escritor
Horror en el museo1978Traductor
El horror del cementerio1978Traductor
El hombre de piedra 1 opiniones1978Traductor
Hasta la última gota del océano1978Traductor
Fuera del tiempo1978Traductor
Dos botellas negras1978Traductor
El diario de Alonso Typer1978Traductor
Cuatro en punto1978Traductor
El caos reptante1978Traductor
La cabellera de Medusa1978Traductor
Amor a la muerte1978Traductor


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Antonio Moya

Traductor
España, Varón
07 Nov 1949 — ¿?

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