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Técnicas de combate para mujeres hasta 1960

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Funy Skywalker
17-04-2013 17:04

114 mensajes

Pues tenía usted razón. Aquí se explica todo el lío:

http://www.imfdb.org/wiki/Dr_No (maravillosa página)

Buscaglia
17-04-2013 20:04

1117 mensajes
↕ 2 horas ↕
Tal como dijo Funy Skywalker:

Pues tenía usted razón. Aquí se explica todo el lío:

http://www.imfdb.org/wiki/Dr_No (maravillosa página)

Será como en la fábula del burro, "sonó la flauta por casualidad", porque la memoria a menudo me juega malas pasadas.

Continuo con una entrañable tiradora "del montón": Claudia Kalugina, una criaja.

Pues parece cosa de grenlims... hoy tampoco acepta el "corta y pega". Entro y salgo de nuevo.

Buscaglia
17-04-2013 20:14

1117 mensajes
↕ 9 minutos ¿No hubiera sido mejor editar el mensaje anterior?

Saludos.

A ver si ahora...

...Con todo, casos como el de Pavlichenko fueron excepcionales. La verdadera vivencia diaria de las francotiradoras soviéticas fue otra. Reproducimos aquí un extracto del testimonio de Claudia Kalugina, una más entre las miles de soldados desconocidas que chapoteaban en el barro de los frentes. Se formó en 1943 como francotiradora en una escuela organizada en la región de Moscú por el Comité Central del Komsomol (Juventudes Comunistas). Tras un aprendizaje de 9 meses, combatió hasta el final de la guerra en Europa:

"Mi nombre es Kalugina, Claudia Efremovna Kalugina. Nací en 1926. La guerra comenzó cuando yo tenía 15 años. Fui a trabajar a una fábrica de municiones en Orekhovo-Zuevo. Cuando estalló la guerra necesitábamos tarjetas de racionamiento para trabajadores porque daban 700 gramos de pan. Entonces comencé a trabajar allí y me uní al Komsomol. Los días de fiesta asistíamos a las clases de Enseñanza Secundaria que nos daban los miembros del Komsomol. Más tarde, cuando terminamos la Enseñanza Secundaria, nos dijeron que se había abierto una escuela de francotiradores. Muchos se ofrecieron para asistir y yo también fui allí. Tenía 17 años, esto era en junio de 1943. Yo era la más joven de la escuela. Todos tenían 18 años y yo tenía sólo 17. Ellos consideraban si debían echarme o no. Decidieron que si no me quedaba atrás me dejarían quedarme en la escuela. Comenzamos a construir un pabellón en la escuela de tiro. Yo no era de una familia rica, había cortado madera, había llevado agua, estaba acostumbrada a estos trabajos y debido a eso trabajé bien. Me dejaron quedarme, incluso me dieron un permiso para hacer visitas a mi casa.

Cuando empezaron a enseñarnos a disparar, pensé que no podría hacerlo. Puse todo mi empeño y todo lo que conseguí fue fracasar. Entonces nuestra comandante de pelotón, Zinaida Andreevna Urantseva, empezó a entrenarme personalmente. Ella me enseñó a disparar bien (...) En la escuela nos enseñaron táctica, cómo disparar, cómo camuflarse, también balística... A disparar con viento de costado, a objetivos móviles y fijos. Lo he olvidado todo ya. Quienes conseguían buenas calificaciones recibían regalos de paquetes que enviaban los americanos. Marusia Chikhvintseva y yo, cuando ingresamos como civiles, nos pusimos una al lado de la otra y quedamos desde ese día como equipo para las emboscadas. Marusia era de Izhevsk, en Udmurtia. Fuimos grandes amigas. Me gradué en la escuela. Así pues, nos enviaron a muchas muchachas al frente el 1 de marzo de 1944.

Distribuyeron a las chicas por diferentes unidades. Claudia formaba parte de un grupo de 36 jóvenes que fueron adscritas a la 344 División de Fusileros, del 33º Ejército, en el Tercer Frente de la Rusia Blanca. Primero quedaron todas en un solo regimiento, pero luego destinaron un pelotón de francotiradoras – 12 jóvenes divididas en 6 equipos - a cada uno de los tres regimientos de la división. Doce mujeres en medio de 2.500 hombres. Les asignaron una trinchera, donde combatieron hasta que se inició la ofensiva de junio de 1944. Cuatro meses muy intensos:

Entonces viajamos en vagones de ganado vacuno, con estufas, hasta el frente. Como no podían llevarnos todo el camino, nos hicieron bajar. Había tal tormenta de nieve que nos proporcionaron un camión para acercarnos al frente, a un regimiento de reserva. ¡Un solo camión para todas! Continuamos todo el trayecto sentadas hasta que llegamos. No recuerdo cuánto tiempo duró el viaje, un día, dos, tres... ¡Hace tanto tiempo! Nos dieron un mono de camuflaje y envolvimos con telas nuestros rifles. De madrugada comimos algo y nos dieron unos bocadillos de salchicha americana. ¡Esa fue también nuestra cena! Fuimos a las trincheras. Todas las zanjas de comunicación estaban empapadas por la nieve. Tuvimos que ir gateando. Seríamos unas doce y Nadia Loginova – ella sería herida más tarde – se fue arrastrando hacia los alemanes por la tierra de nadie, que estaba minada. ¡Era solamente el primer día y estábamos aterrorizadas! Gritamos todo lo fuerte que pudimos: “¡Nadia! ¡Nadia! ¡Aquí, aquí!”. Nadia volvió y nosotras continuamos gateando. Alcanzamos la trinchera del frente, que estaba totalmente cubierta de nieve debido a que probablemente llevaba cayendo varios días. Los alemanes estaban fuera, en un claro ante sus trincheras. Podríamos haber matado una docena de alemanes aquel día

¡Ya ve usted, matar un ser humano por primera vez! Nosotras éramos diferentes, una provenía de los partisanos, Zina Gabrilova, otra la secretaria de nuestro Komsomol, Tania Fedorova. Marusia Chikhvintseva y yo solamente miramos. Ni siquiera podíamos apretar el gatillo, fue duro. Pero las demás abrieron su cuenta. Y cuando volvimos a nuestro refugio subterráneo por la tarde, empezamos a contarnos unas a otras nuestras experiencias. Marusia y yo no teníamos nada que decir y estuvimos reprochándonoslo toda la noche:“¡Cobardes! ¡Cobardes! ¿Por qué habíamos venido al frente?”. ¿Estábamos enfadadas porque ellas habían abierto su cuenta y nosotras no?

Llegó el siguiente día. Los alemanes tenían un parapeto y una tronera para los soldados y una posición para la ametralladora. Mientras un alemán preparaba la posición de la ametralladora, le disparé. Cayó y lo retiraron arrastrándolo por los pies. Fue mi primer alemán (...) Había un lago en el lugar. Los alemanes iban allí para lavar, a veces en ropa interior. Zina Gabrilova disparó a uno. Y los alemanes dejaron de ir allí a lavar. Llegó el verano y seguíamos en posiciones defensivas, puede que fuese mayo o junio. No todo el mundo estaba en su tronera durante la guardia porque no había movimiento entre los alemanes ni entre los nuestros. Nosotras hacíamos guardia durante el día y los soldados durante la noche y dormían de día. Nuestras líneas estaban cerca y una vez un ataque de los alemanes llegó hasta nuestra trinchera y tomaron algunas muchachas prisioneras y las mataron allí. Mataron a Klava Monakhova. Solamente un soldado sobrevivió, se metió en un refugio abandonado, simplemente un agujero cubierto con un manto de tierra con nieve encima, se escondió allí. Los alemanes estuvieron un día y él lo pasó allí enterrado.

La parquedad del soldado ruso y la brutalidad en que se desenvolvían los combates se aprecian en el somero equipo de que disponían: Tenía un fusil de reglamento de tres líneas (7´7 mm.), con la bayoneta reglamentaria. Siempre llevaba la bayoneta y la mira óptica, por si acaso iba en el ataque. La pala de trinchera, una caja de estaño, munición y el equipo de primeros auxilios. Llevábamos dos granadas en nuestro cinturón. Una para los fascistas y otra para nosotras mismas, para no ser capturadas por los fascistas. Era necesario.

Estuvimos en labores defensivas todo el verano. Los frente que nos rodeaban estaban a la ofensiva, pero nuestra misión era realizar una defensa sólida. Tan pronto como amanecía íbamos a nuestra posición, tan pronto como oscurecía volvíamos. No nos quedábamos en las trincheras por la noche, nos quedábamos en el puesto de mando del comandante del Regimiento. Desde cada posición sólo se hacía un tiro, si se hacía un segundo te acababan matando. En la práctica, a veces un disparo por día. La pareja estaba a la distancia del brazo, juntas todo el tiempo. Alguna vez estuve de guardia de día en los puestos avanzados mientras los soldados descansaban, aunque de los cincuenta que había en la trinchera sólo diez habían hecho guardia la noche anterior.

En este sector del frente las francotiradoras no salían de la trinchera porque había alambradas y campos de minas sin limpiar, limitándose a disparar desde las troneras. Y allí Claudia sufrió la mayor de las desgracias que le acontecieron durante la guerra: Marusia tuvo un presentimiento. No quería ir a la guardia: “No quiero, no puedo ir hoy”. Pero no le dijo al comandante que no la mandara. Y la mataron. Estoy viva gracias e ella.

Así pues, Marusia y yo colocamos nuestros rifles en la tronera y vigilamos la trinchera alemana. Pero los alemanes también pusieron un francotirador para observarnos. Estuve vigilando durante mi turno, pero se me cansó la vista y Marusia me dijo: “Ya te relevo”. Ella subió, era un día soleado y, al parecer, movió la lente. Tan pronto como subió, le llegó un disparo y cayó. ¡Oh, cómo lloré! El alemán estaba a 200 metros. Chillé tanto que podía ser oída por todas las trincheras, los soldados se despertaron y corrieron: “¡Calla, calla, si nos localizan van a lanzarnos un morterazo!”. ¿Pero cómo podía haber callado? Era mi mejor amiga. Nos sentamos hasta la noche y estuve llorando todo el tiempo. Entonces la enterramos. Recuerdo que allí había muchas flores silvestres. Fue en Orsha, en el Tercer Frente Bielorruso. Posteriormente su tumba se trasladó a Mogilev, donde había nacido. Mi segunda compañera también se llamaba Marusia, de apellido Guliakina".

Terrible momento para Claudia, a quien dejamos aquí porque "lo poco gusta y lo mucho, cansa".

Buscaglia
18-04-2013 18:14

1117 mensajes
↕ 22 horas ↕

Continuamos con la emotiva historia de esta joven...

Poco después de la muerte de Marusia comenzó la ofensiva. Claudia, todavía muy perturbada por lo sucedido, tuvo que combatir:

"Pero un día, no recuerdo la fecha, no era aún agosto, quizá junio, quizá julio, nos enviaron a primera línea a primera hora del día. Hubo un bombardeo de artillería, incluso con “Katiuskas” (cohetes conocidos también como “Órganos de Stalin”). Cuando disparaban un “Katiuska” todo el uniforme temblaba. Entonces atacaron los soldados. Los exploradores abrieron pasillos a través de los campos de minas. Los soldados atacaban y nosotras llevábamos los heridos a retaguardia. Recuerdo que recogimos un oficial que tenía una pequeña maleta. No habíamos dormido ni comido desde las cuatro de la mañana. Le dije: “¡Deja la maleta!”. ¿Qué podía llevar en la maleta? ¡Era ya pesado para arrastrarlo con la maleta! “Yo no la dejo, si no quiere llevar la maleta, no me coja”. Bien, nosotras lo llevamos, ¡qué le íbamos a hacer! Solamente después de la guerra, que me lo encontré de nuevo, descubrí que lo que llevaba era un violín. No quiso abandonarlo. Me lo dijo cuando nos encontramos finalizada la guerra.

Era por la tarde y no habíamos podido desalojar a los alemanes de sus trincheras. Nos dijeron a las muchachas que fuéramos allí y también a los conductores. Alcanzamos la trinchera, pero no podíamos hacer gran cosa porque estaba oscureciendo ya. Allí quedó muy poca gente, solamente las muchachas y los conductores. Nos dijeron que tomásemos todos los heridos que pudiésemos llevar hasta nuestras posiciones. No pudimos cogerlos a todos porque no fuimos bastantes. ¡Los alemanes terminaron con los que quedaron, oíamos sus chillidos! Los mataron a bayonetazos".

Durante el resto de la noche Kalugina permaneció vigilante con los sobrevivientes del combate, temerosa de que los alemanes contraatacasen. Escuchaban los sonidos provenientes de las latas que habían colgado de las alambradas: "Por la mañana conseguimos refuerzos del Tercer Frente de la Rusia Blanca. Otro bombardeo y todo el mundo atacó. Alcanzamos la trinchera alemana, pero estaba vacía. Les habíamos hecho tantas bajas que se retiraron por la noche. Solamente pudimos perseguirlos por el Dnieper".

La intención de los soviéticos era cercar al enemigo antes de que se reorganizara tras el Dnieper. Descubrieron que las defensas de la orilla eran escasas. Con la mira telescópica observaron que la principal posición consistía en una ametralladora y un francotirador sobre una colina. El comandante del regimiento, Leonid Verdiukov, mandó a una docena neutralizar la oposición. Para Claudia esta vez no se trataba de eliminar al enemigo, sino de evacuar a los heridos propios. Los alemanes alcanzaron a Kitaev, el jefe del estado mayor, y a varios soldados. Sesenta años después Claudia recuerda cómo tuvo que abandonar a un compañero al no poder arrastrarlo: "Gateé hasta un soldado herido, tenía una herida en el estómago. Empecé a llevármelo, pero sus intestinos salieron inmediatamente fuera. No sabía qué hacer con ellos, tan sólo le dije: “Iré por un médico”. Y gateé hasta otro herido, porque no podía hacer nada por él. El comandante Verdiukov mató a un prisionero delante de la tropa al descubrir que era uno de los hombres de Vlasov, el general cosaco renegado que luchaba por Hitler. Tres de las chicas habían sido heridas en los combates. También Claudia estaba cubierta de sangre, con el uniforme desgarrado y los tímpanos afectados por las explosiones, pero no fue al médico: Había gente sin piernas, sin brazos, cubiertos de sangre... ¿para qué iba a ir yo?".

El cruce del río también fue movido, pero no por la defensa del enemigo: "Nosotras cruzamos el río en el último bote, que volcó y caímos al agua. Los soldados nos decían: ¡Muchachas, alargarnos los fusiles, os sacaremos fuera! Alcanzamos territorio polaco (julio/agosto de 1944) y allí nos rodearon, pero logramos retroceder. Logramos salir del cerco en silencio, atamos la impedimenta para no hacer ruido y conseguimos escabullirnos por la noche. Posteriormente fuimos transferidos al Frente de Leningrado".

La vida en campaña era muy dura. Siempre sucias, heladas en invierno y sudadas en verano, solían padecer heridas en los pies y en el cuerpo. Pero lo peor era pasar horas tendidas en la nieve o el barro: "Cerca de Leningrado el suelo estaba inundado. Si un caballo pasaba por allí, salía agua en las huellas de sus pezuñas. Te podías lavar e incluso beber en las impresiones de las pezuñas. No había donde guarecerse durante la noche y dormían sobre sus chaquetas a cielo abierto. Todo el mundo temblaba de frío, así que alguna vez, aunque estaban muy cansados, un acordeonista propuso celebrar un baile para calentarse".

Encontrar un techo tampoco proporcionaba muchas comodidades: "Todo el mundo inmediatamente se acostó, pero allí no había un sitio para mí. Había sólo una artesa usada para cortar col. Mis opciones eran dormir fuera, en el primer piso o en la artesa. Me acosté en la artesa. Yo era pequeña, de 1´57 de altura, y flaca. La artesa era muy incómoda. Estiraba mi pierna, alguien me empujaba para atrás, estiraba mi brazo, alguien me empujaba de nuevo. El sueño no venía, pero yo quería dormir. Al amanecer alguno salió y me zambullí en su hueco. Dormí un rato, pero entonces tuvimos que levantarnos".

Claudia no recuerda – o prefiere no hacerlo -el número de alemanes muertos: "Yo no lo recuerdo, no contaba los alemanes muertos en la batalla, solamente en la defensa. El comandante en cuya trinchera estábamos escribía una nota. Puede que sólo los hiriese, pero los contábamos como muertos (...) El rifle podía disparar dos kilómetros en línea recta. Pero no se podía observar bien arriba de 800 metros. En la escuela disparábamos a 200 y 300 metros, en el frente entre los 200 y los 1.200. Con la mira óptica se puede ver 800 metros muy bien. Hay que sentarse sin moverse, porque si te mueves te localizan. Un francotirador se tiende allí en silencio y vigila 2 kilómetros hacia delante y 800 metros a lo ancho, lo observaría todo. Cuando me cansaba, decía: “Marusia, he terminado” y ella empezaba a observar. Lo principal era el camuflaje, una se tenía que esconder muy bien. Nos lo insistieron mucho en la escuela. A veces te habría gustado sentarte, pero podrían verte fácilmente. Teníamos que camuflarnos para no ser descubiertas. Similar a lo que hubiera alrededor. Cuando llegaron las nieves nos dieron un mono especial. En verano un camuflaje verde, nos dieron pantalones verdes y túnicas verdes.

La tarea del francotirador era eliminar comandantes, posiciones de ametralladoras y los enlaces que se movieran por los alrededores. A ellos también había que eliminar. Los soldados no eran tan necesarios. La mayor parte eran oficiales y comandantes. Disparabas, dejabas el rifle y te tendías allí. Cuando se hacía de noche salías de la posición. Durante el día recorrías los alrededores buscando lugares buenos para acechar. A veces seleccionabas un escondite delante de nuestras trincheras. Después de seleccionarlo, tomabas la posición cuando estaba todavía oscuro y te quedabas allí, quieta, hasta la próxima noche, porque no podías arrastrarte a la luz del día. Si había un ataque era diferente, entonces te levantabas y corrías hasta tu trinchera. De lo contrario, te quedabas tendida en el escondite hasta el final del día.

La vez que alcancé a unos enemigos más lejos fue cerca del Dnieper, a un artillero de ametralladora y a un francotirador. A través de un campo, estaban sentados en un cobertizo. Probablemente un kilómetro, quizás más. Un objetivo podía ser alcanzado incluso más allá de dos kilómetros".

En enero de 1945 alcanzaron el Mar Báltico. Un barco alemán estaba ardiendo. Los 1.700.000 combatientes del Frente Báltico y de los Frentes de Rusia Blanca se imponían poco a poco a los 600.000 alemanes defensores de Prusia Oriental. En su división había ahora algunos hombres francotiradores, autodidactas elegidos por su puntería. En Prusia se encontraron por primera vez con la población civil alemana: "Después de cruzar el Niemen las chicas estábamos molidas Allí un matrimonio se nos acercó, entonces nos parecieron viejos, pero ahora me hubieran parecido jóvenes, cerca de los cincuenta. Llevaban leche. Empezaron a gesticular para que bebiéramos. ¿Y si estaba envenenada? Yo estaba incómoda al ver cómo rehusaban porque lo estaban ofreciendo desde el fondo de su corazón. Entonces dije: “Yo lo beberé”. Y bebí la leche y no me pasó nada. Nuestros exploradores a veces nos dieron chocolate. No solamente nos dieron, una vez nos pusieron una mesa entera con toda clase de chocolate. Capturaron unas reservas y nos invitaron".

Su división sostuvo una dura batalla para capturar Koenigsberg. La primera oleada de ataque la formó la compañía de castigo: "Quedaron sus cuerpos por todas partes del campo. Cuando el viento soplaba desde el mar no se podía respirar. Era el ataque para tomar Koenigsberg. Lo capturamos (9 de abril) y pasamos a la defensiva. No participamos en el ataque, sólo en la defensa. Un francotirador, en general, sólo se utiliza en defensa. En Koenigsberg alguien nos invitó a comer, nos pusieron una buena mesa, nos trataron bien. Más tarde nos invitaron otra vez, comimos “bilberry” con leche".

Allí le llegó a Claudia el final de la guerra, en su posición de tirador perdida en los bosques.

Vistos los últimos testimonios parece que, hasta ahora, la técnica de combate más adecuada para las mujeres es el arma de fuego, larga o corta.

Buscaglia
20-04-2013 18:08

1117 mensajes
↕ 1 día ↕

Saludos.

Y, respecto a armas más pesadas, aviones, cañones, tanques... ¿qué tal funcionaban las mujeres? Pues antes de 1960, mal. Los aviones de caza exigían mucha fuerza muscular porque los mandos no estaban asistidos. En artillería y tanques, las mujeres funcionaban bien con calibres hasta 47 mm, pero a partir de ahí la cadencia era inferior a la de los hombres porque las cargadoras no lograban mantener el ritmo.

Como reflejo, relato la biografía bélica de la más conocida as de la II Guerra Mundial (no la principal, porque hubo una piloto soviética con más derribos, paro la propaganda prefirió publicitar a esta), que queda muy por debajo de cualquier as alemán, ruso o japonés (e incluso italiano):

“Como es habitual en la aviación, las mayores glorias recayeron en las pilotos de caza. La más famosa fue Lilya, nombre de guerra de Lidia Litvyak, nacida en Moscú en 1921. Junto a la francotiradora Ludmila Pavlichenko – a quien se adjudicaron más de 300 alemanes muertos – fue el icono de la mujer guerrera para el Ministerio de Propaganda. Lilya, a quien los corresponsales describían como una mujer notablemente bella – hasta en la URSS se reproducían los clichés sexistas- había comenzado en el Regimiento 586, pero por sus cualidades pronto la transfirieron al mixto 286.

Volando un caza Lavochkin La-5, obtuvo sus tres primeras victorias: un Me-109 y un bimotor Ju-88 el 13 de septiembre de 1942 y un segundo bimotor el 27. Se trataba de una buena marca, porque este avión tenía grandes problemas si se encontraba con cazas enemigos a alta cota. A fines de enero de 1943 fue transferida al Regimiento 296 junto con otras dos pilotos que destacaban por su habilidad. Una de ellas, Katia Budanova, con 11 victorias confirmadas y 20 oficiosas. Tras realizar el curso de transición para volar los Yak-1, el 11 de febrero de 1943 destruyó otro Ju-88, pero fue derribada por los Focke-Wulf 190 de la escolta. Sobrevivió y 6 días después fue condecorada con la Orden de la Bandera Roja y ascendida a teniente. Con la seguridad que dan las estrellas de mando se permitió alguna de las veleidades propias de los ases y su mecánica Pasportnikova le pintó dos lirios blancos – su apodo – en el fuselaje y pegó una postal con rosas amarillas en el panel de instrumentos. El 1 de marzo derribó un Ju-88 y un escolta Focke-Wulf, alcanzando oficialmente la categoría de as. El 15 mandaba a tierra otros dos bimotores alemanes, pero fue alcanzada por la nutrida escolta. Logró regresar a la base bastante agujereada y fue hospitalizada hasta mayo. Para entonces Litvyak ya era muy famosa incluso entre los alemanes, que la bautizaron "La Rosa Blanca de Stalingrado".

Cuando se reincorporó al 296, éste había sido redenominado “Regimiento 73 de la Guardia” y alcanzado el status de unidad de elite. Fue uno de los 288 grupos que alcanzó esta categoría en cuatro años de guerra. Entre el 5 y el 31 de mayo derribó dos enemigos más. El 16 y 18 de julio tuvo que aterrizar en territorio enemigo. La primera ocasión volvió a pie a sus líneas y la segunda un compañero aterrizó para recogerla. El 1 de agosto se vio envuelta en su último combate. Regresaba de escoltar una unidad de Il-2 cuando 8 Me-109 les atacaron sobre Orel. Anteriormente había entrado en melées contra una docena de enemigos y salido ilesa, pero los alemanes reconocieron que era la “Rosa Blanca” y concentraron sus ataques sobre ella. Logró destruir dos, pero los demás la derribaron. Ni ella ni su nave fueron localizadas durante la guerra, aunque erigieron un monumento de mármol en su memoria en Krasy Luch. Sus restos fueron hallados finalmente en 1979 y en mayo de 1990 Mikhail Gorbachov le conferió el título de “Héroe de la Unión Soviética”.

Subrayo que no se trataba de que las mujeres volasen mal: quizá la unidad soviética más brillante del conflicto fue la de las “Brujas nocturnas” (bombardeo nocturno femenino, recomiendo el cómic “El Gran Duque” donde se reflejan sus heroicidades) y ningún aviador alemán se atrevió a hacer las cosas que hizo Hanna Reistch (como dirigir una V-1 “no dirigida”). Simplemente digo que esta maquinaria mortal no combinaba bien con su fisiología.

Dichas estas cosas respecto a las armas, el próximo día entraremos ya en la pelea a puños, patadas y dientes.

Entropía Bibliotecario
24-04-2013 10:46

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↕ 3 días ↕

Te agradezco estos eruditos ensayos, pero son tan extensos que resulta complicado responder algo. Creo que estás recuperando artículos que preparaste para revistas de historia, ¿no? ¿No tendrás alguno sobre mujeres piloto de los años 20? Yo es que soy poco belicista .

Saludos,

Entro

Buscaglia
27-05-2013 16:01

1117 mensajes
↕ 1 mes ↕
Tal como dijo Entropía:

Te agradezco estos eruditos ensayos, pero son tan extensos que resulta complicado responder algo. Creo que estás recuperando artículos que preparaste para revistas de historia, ¿no? ¿No tendrás alguno sobre mujeres piloto de los años 20? Yo es que soy poco belicista .

Saludos,

Entro

Vaya, ¡se me había escapado esta respuesta! Sí, gran parte de lo que he ido poniendo en este y otros hilos salió en su momento en Historia 16 y otras revistas. Pero, como no me pagaron (la revista quebró) no me parece ilícito darle nueva vida.

Mujeres piloto... ¡sniff!

ligrix
27-05-2013 16:29

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↕ 27 minutos ↕

Que caña que escribías en Historia 16! Mi padre las tenía todas.

Buscaglia
27-05-2013 19:08

1117 mensajes
↕ 2 horas ↕
Tal como dijo ligrix:

Que caña que escribías en Historia 16! Mi padre las tenía todas.

Sí, lo reconozco: ¡soy un viejuno! Por eso he venido aquí, me dicen que no dejáis a los ancianos que mueran a la intemperie como japoneses o esquimales. Los sacrificais o volvéis locos.

Entropía Bibliotecario
27-05-2013 20:01

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↕ 52 minutos ↕

No es cierto, aquí sentimos un gran respeto por los ancianos. ¡Salve, Great Old Ones!

Saludos,

Entro

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