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Técnicas de combate para mujeres hasta 1960

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ligrix
15-04-2013 13:30

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Si os fijáis en los comentarios, este artículo hace mención al Bartitsu, que era una variante del Ju-jitsu introducida por un ingeniero inglés que había estado en japón, apellidado Barton, y que creó un fight club al que invitaba a maestros japoneses.

A.Conan Doyle la rebautizó como Baritsu, y era el arte marcial en le que era experto Sherlock Holmes.

Buscaglia
15-04-2013 17:27

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↕ 3 horas ↕

Pues lo del Jiu-jitsu no lo conocía. Y me parece curioso porque, como comprobaremos, los ingleses metropolitanos recuperaron las artes marciales en la década de los 30 de la mano de inspectores de policía de Hong-kong. Veo que en 1900 las conocían pero, por alguna razón, las abandonaron. Así que no creo que estuviesen tan difundidas como defiende la página.

En cualquier caso, es una prueba más de la "invisibilidad" de los hechos de las mujeres a lo largo de la Historia. En cualquier caso, algunas de las fotos tienen más que ver con el "batiburrillo" de las técnicas de autodefensa actuales, como el uso del paraguas. Las sufragistas solían enfrentarse con la policía armadas con paletas de cricket que les servían también para romper los escaparates sin cortarse.

Bueno, sigo con mi plan de obra.

Cuando se generaliza el arma de fuego, en el XIX, debía de haberse producido una igualación en la capacidad de combate de hombres y mujeres. Con un revólver en la mano, la capacidad de dañar es similar. Eso no pasó. Por tetosterona, por cuestiones educacionales, por la legislación...

Pero olvidémonos de la idea de que las mujeres tiran mal. Tiran mal las miopes o las de pulso tembloroso. O las que llevan una Derringer ("Django desencadenado"), un arma para dama de un calibre ridículo que se difundió porque cabía en el bolso y se decía que, por su escaso retroceso, era idónea para "manos blancas".

El rebufo de armas de 11-12 mm puede ser muy contundente para mujeres (u hombres) de muñecas frágiles pero calibres entre el 7 y el 9 mm, que son los estandar en los ejércitos, son totalmente manejables. Así que una Beretta de 9 mm, que era el arma del primer James Bond, es la automática perfecta para una mujer (pequeña y de diseño italiano).

El régimen comunista de la URSS, que en esto no tenía prejuicios, venía dando cierta formación militar a la población civil desde los años veinte. Una organización denominada OCOABUAXU organizaba algunas actividades de ocio con utilidad bélica, como el vuelo en planeadores o los clubes de tiro. En 1929 había 350.000 tiradores inscritos en 4.000 asociaciones. Fue de entre las mujeres afiliadas en los clubes de donde surgieron las primeras francotiradoras.

Desde la Comisaría de Defensa venían considerado que algunas características adjudicadas a la sicología femenina – paciencia, inteligencia emocional, tenacidad, capacidad de sacrificio y sufrimiento... – resultaban idóneas para esta modalidad de combate. Un francotirador debe elegir un escondite y, tras ello, permanecer inmóvil y expectante durante horas (eso en la URSS puede implicar hielo y barro) hasta que un enemigo se muestre y entonces matarlo. Afortunadamente y en bien de la raza humana, no demasiadas personas tienen el control emocional preciso para matar a sangre fría a un congénere indefenso. Máxime, sabiendo que con ello se descubrirán y deberán afrontar la respuesta violenta del contrario. Lo más fácil en estos casos resulta no apretar el gatillo.

Durante la II Guerra Mundial se apreció el buen resultado de las mujeres en combate: Kostryna, con 387 blancos; Pavlichenko con 307; el equipo compuesto por Natalia Kovshova y María Polivanova con 298 (incluyendo 5 francotiradores enemigos); Inna Mudretsova con 140... Por supuesto, la mayoría de las féminas no alcanzaron estas desorbitadas cifras, pero una docena – Roza Shanina (54), Aliya Moldagulova, Lidia Gudovancheva, Alexandra Silyakova... – tienen en su haber cifras superiores a las 30 bajas. Algunas nisiquiera eran soviéticas, como la checa Marie Ljalchova, que causó 30 bajas al enemigo.

El armamento de las francotiradoras era cualquier cosa menos “alta tecnología”. Usaban el mismo vetusto fusil de la infantería regular, el decrépito Moisin-Nagant, modelo 1891/30, con una mira PE 31 de 4 aumentos o una PE 42 de 3´5, y un alza graduada hasta los 1.300 m. Se trataba de un arma simple y robusta, fácil de limpiar y desmontar, diseñada el siglo anterior para ser usada por indígenas y campesinos analfabetos que nunca habían visto una máquina. Con un cargador con cinco balas, enviaba los 148 gramos del proyectil a unos 840 metros por segundo. El alcance teórico era de más de dos kilómetros, pero el eficaz no pasaba de 800-1.000 m. Todas las francotiradoras mostraron que utilizaban sin problemas un arma diseñada para que la disparasen hombres robustos.

Existía una segunda arma mucho más moderna, el automático SVT 40, con cargador de diez balas y cadencia de 30 disparos por minuto, pero sólo se fabricaron 50.000 ejemplares. No gustaba a los combatientes porque era bastante frágil, su complicado mantenimiento les restaba horas de sueño y a menudo se atascaba en el peor momento debido al barro o al polvo. Respecto a las mujeres se descubrió que le sacaban mejor provecho que los hombres porque lo trataban mejor, lo limpiaban todas las noches y limaban las piezas que iban mal para conseguir un funcionamiento más fino.

Vamos, que mi siguiente opción es: con una pistola o un fusil, no hay diferencia entre hombres y mujeres en combate.

El próximo día a lo mejor me permito una disgresión y doy la biografía de Ludmila Pavlichenko, mi heroína ¡que era profesora de Historia!

berger
16-04-2013 13:08

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↕ 19 horas ↕
Tal como dijo Buscaglia:

El próximo día a lo mejor me permito una disgresión y doy la biografía de Ludmila Pavlichenko, mi heroína ¡que era profesora de Historia!

¿Hasta cuándo tendremos que esperar? ¿Cuándo será ese próximo día?

Anakleto
16-04-2013 13:10

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↕ 1 minuto ↕

hoy no, mañana.

Entropía Bibliotecario
16-04-2013 13:46

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↕ 35 minutos ↕

Quizá una bala disparada por Ludmila Pavlichenko en octubre de 1941 entró en órbita y casi 72 años después ha caído con puntería sin igual para silenciar a quien pretendía revelar sus secretos .

Saludos,

Entro

ligrix
16-04-2013 16:39

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Buscaglia, deja la heroína que es muy mala.

Buscaglia
16-04-2013 16:50

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↕ 11 minutos ↕
Tal como dijo Entropía:

Quizá una bala disparada por Ludmila Pavlichenko en octubre de 1941 entró en órbita y casi 72 años después ha caído con puntería sin igual para silenciar a quien pretendía revelar sus secretos .

Saludos,

Entro

Eso exige un mortero y conocimientos avanzados de trigonometría... la gran enemiga de los historiadores. Por cierto, que la única vez que la alcanzaron fue un puñetero morterazo.

Esto va en homenaje a las francotiradoras soviéticas, que no eran esas pánfilas que aparecen en la, por otro lado, enorme película "Enemigo a las puertas".

Y, ahora, no es broma, no intento hacerme el interesante. Intento pegar el texto con el botón izquierdo del ratón y no sale nada...

Esto es desesperante. Apago el ordenador y arranco de nuevo, a ver si entra.

Buscaglia
16-04-2013 17:03

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↕ 12 minutos ¿No hubiera sido mejor editar el mensaje anterior?

Saludos.

Parece que ahora va... Aunque no quede elegante, me autocito:

"PAVLICHENKO, Ludmila Mikhailovna (1916-1974). Heroína soviética". Esta parca definición sacada de una enciclopedia de mujeres describe a una de las mejores francotiradoras de todos los tiempos. Nacida en el pueblo ucraniano de Belaya Tserkov el 12 de julio de 1916, la joven Lyuda era una estudiante dotada, pero con un carácter independiente y obstinado que irritaba a sus profesores. Cuando terminó el noveno grado sus padres se trasladaron a Kiev. Allí comenzó a simultanear los estudios con el trabajo en un arsenal y se apuntó a un club de tiro donde pronto desarrolló su talento de tiradora excepcional. Cuando los alemanes atacaron la URSS el 22 de junio 1941, Ludmila tenía 24 años y se especializaba en Historia en la Universidad de Kiev. Nada más conocer la noticia, como muchos de sus compañeros de clase, se precipitó al centro de reclutamiento para participar en la lucha. El oficial que la atendió la miró con asombro: con sus uñas largas y cuidadas, el peinado y la ropa a la moda, parecía más una modelo que un futuro soldado. Pavlichenko, molesta por la risilla del militar, sacó su certificado de puntería. No convenció al oficial, que le sugirió se enrolase como enfermera de campaña. Ella se negó y, dada la angustiosa situación bélica, consiguió finalmente ingresar en el Ejército Rojo.

Tras una más que somera instrucción fue adscrita como tiradora a la 25 División de Infantería. Le dieron el vetusto Moisin-Nagant, un fusil de cerrojo adecuado para el sufrido labrador zarista, no para una joven universitaria. Al principio la ucraniana era zarandeada por el retroceso: los propios campesinos describían como “una coz de mula” el latigazo que daban sus más de cuatro kilos al disparar. Una segunda dificultad residía en enmascarar los 123 cm de longitud del arma. Su única sofisticación consistía en una mira telescópica de cuatro aumentos. Convencidos de las cualidades militares de Ludmila y de su fidelidad al Partido, sus superiores la mandaron a primera línea.

Era agosto de 1941, transcurrían dos meses desde la invasión y ella defendía junto a su observador una colina estratégica cerca del pueblo de Belyayevka. Allí se anotó sus dos primeros muertos. En los dos meses y medio siguientes, combatiendo en la región de Odessa, su puntería se reveló mortífera: el mando le adjudicó haber causado 187 bajas al enemigo. Pero los rumanos cercaron Odessa en septiembre y hubo de retirarse. Caída Kiev, el aluvión alemán parecía imparable. En noviembre los restos del Ejército Soviético Independiente Marítimo del que formaba parte su división se encerraron en Sebastopol. El principal bastión de la península de Crimea tenía fama de inexpugnable: lo protegían 19 fortificaciones excavadas en la roca y un centenar de fortines, guarnecidos por 100.000 soldados. El Eje utilizó medios excepcionales para tomar la ciudad, entre ellos un cañón gigante que disparaba proyectiles de 7 toneladas. La lucha contra los alemanes del XI Ejército y los rumanos del III Ejército era feroz y Pavlichenko destacó como la más eficaz de los combatientes. Para entonces había abandonado el viejo Moisin y obtenido un arma más adecuada a sus características: un SVT 40, prototipo de los fusiles de asalto actuales. Funcionaba sin necesidad de tirar del cerrojo a cada disparo y, aunque era condenadamente complicado mantenerlo en funcionamiento, Ludmila prefería pasar sus horas de descanso desmontándolo, limpiando y limando sus piezas a cambio de disponer de un arma de primera. En mayo de 1942 se le otorgó un honor excepcional: fue citada en el parte de guerra del Frente Meridional por haber acreditado la muerte de 257 alemanes y rumanos. Recibió el ascenso a teniente por méritos de guerra. Pero en junio la cazaron a ella. No fue un francotirador enemigo, sino las esquirlas de un mortero, uno más de los millones que cayeron sobre el sitiado Sebastopol. Su registro estaba entonces en los 309 enemigos muertos. El Alto Mando Soviético ordenó que fuese evacuada en un submarino para evitar que los nazis la capturaran. Sebastopol cayó en julio de 1942, pero Ludmila estuvo entre los 1.300 afortunados que lograron escapar.

Durante el resto de la guerra no volvió a combatir, dedicándose a labores de propaganda. Con el status de “Héroe de la Unión Soviética” viajó a Estados Unidos. Allí el “New York Times” le dedicó una portada, participó en la Asamblea Internacional de Estudiantes celebrada en Washington y dio multitudinarias conferencias en Nueva York. Durante un acto en el Estadio Madison, la empresa Colt le regaló una pistola automática intentando aprovechar su figura como reclamo publicitario. El cantante Woody Guthrie le dedicó la siguiente canción a finales de 1942. Su mezcla de lirismo tejano y terminología revolucionaria suena extraña a nuestros oídos: "La señorita Pavlichenko es bien conocida de la fama / Su país es Rusia, la lucha su juego / Todo el mundo la querrá por siempre / Más de trescientos nazis cayeron bajo su arma / Cayeron por su arma, sí /Cayeron por su arma / Más de 300 nazis cayeron por su arma / La señorita Pavlichenko es bien conocida de la fama /Su país es Rusia, la lucha su juego / Su sonrisa brilla tanto como el nuevo sol de la mañana / Pero más de trescientos perros nazis cayeron por su arma / En el calor de su ardiente verano, en la fría nieve del invierno / Con cualquier tiempo usted sigue derribando a sus enemigos / Este mundo amará su cara dulce lo mismo que yo / Más de trescientos nazis murieron bajo su arma".

Como el tema da para más, el próximo día incluiré el testimonio de Claudia Kalugina, francotiradora del montón, que relata como se puede llorar y matar sin discontinuidades espacio-temporales no euclidianas.

Funy Skywalker
16-04-2013 17:12 (editado 16-04-2013 17:18)

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↕ 8 minutos ↕
Tal como dijo Buscaglia:

Así que una Beretta de 9 mm, que era el arma del primer James Bond, es la automática perfecta para una mujer (pequeña y de diseño italiano).

Bond solía usar una Walter PPK cal .32 (diseño alemán). Es su pistola icónica, la que más usa en las películas, aunque haya llevado casi de todo.

http://es.wikipedia.org/wiki/Walther_PPK

Editado:

La Beretta 418 de las primeras novelas es una caca de cal .25. Con eso no te cargas ni a un caniche. En las pelis ya usa la PPK.

Buscaglia
16-04-2013 17:59

1117 mensajes
↕ 46 minutos ↕
Tal como dijo Funy Skywalker:

La Beretta 418 de las primeras novelas es una caca de cal .25. Con eso no te cargas ni a un caniche. En las pelis ya usa la PPK.

Estoy casi seguro que en la primera peli lleva todavía la Beretta. Las Berettas del Ejército italiano tenían mucho prestigio en los años 40, los norteamericanos se las llevaban para usarlas en la posguerra (lo mismo que las Walther) en posibles tiroteos. Mientras que las Luger o las Nambu japonesas que arramblaban las querían solo como recuerdos.

Hay cierto "antiprestigio tecnológico" en todo lo italiano. Pero la Beretta del 9 se empuña muy bien, pesa poco, es precisa, suficientemente potente y mortal en el rango de distancia en que una pistola sirve para algo.

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